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La Pelopincho

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  🕒 Tiempo de lectura: 10 minutos Hay dos formas de saber que llegó el verano. Una es mirar el calendario. La otra... es ver aparecer el piletín. Aunque, siendo sinceros, casi nadie le decía piletín. Era como la Savora. Todo el mundo la llamaba por la marca. Y así fuera Pelopincho, Tiburoncito o una pileta comprada en la ferretería de la esquina... para nosotros siempre iba a ser la pelopincho . Todas tenían más o menos la misma pinta. Esas rayas blancas y celestes que, no sé por qué, automáticamente significaban vacaciones. Todavía hoy veo esos colores... y me dan ganas de andar descalzo. El verano empezaba el día que tu viejo decía: —Este fin de semana la armamos. Y automáticamente arrancaba la temporada. No la de pileta. La de ingeniería. Porque armar una pelopincho nunca fue simplemente armar una pelopincho. Primero había que encontrarla. Después descubrir dónde estaban los caños. Después el corcho. Que misteriosamente desaparecía ...

Custodia Compartida

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  🕒 Tiempo de lectura: 10 minutos Hay algo que ocurre todos los diciembres. Durante once meses uno puede pasar perfectamente sin hablar con ciertas personas. Pero llega diciembre y de golpe todos recuerdan que tienen amigos. Empiezan a aparecer mensajes. —Tenemos que juntarnos. —Antes de fin de año. —Hay que hacer una despedida. Y así nacen esas reuniones que requieren más organización que una operación militar. Lo curioso es que las despedidas de año ya no son como cuando éramos adolescentes. Antes uno iba dispuesto a destruirse. Dormir dos horas. Tomar cualquier cosa. Comer cualquier cosa. Y volver a casa oliendo a humo, alcohol y malas decisiones. Ahora no. Ahora somos padres. Adultos responsables. Gente madura. O al menos eso intentamos aparentar. Porque uno llega a la despedida haciéndose el salvaje. —Esta noche no vuelvo. —Hoy me la doy.. —Que se arreglen solos. Y cuarenta minutos después ya está mostrando fotos de los hijos....

Capitanes de Papel

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  🕒 Tiempo de lectura: 8 minutos ¿Qué tendrán los días de lluvia que a los chicos les gustan tanto? Qué pregunta pelotuda. Cuando eras chico y se largaba a llover fuerte, el que se aburría era porque tenía algún problema. O era medio maricón o en la casa lo tenían cortito y no lo dejaban salir ni a la vereda. Porque para un chico la lluvia nunca fue un problema. Era un evento. Una celebración. Un llamado a las armas. Todavía me acuerdo de esas siestas de verano donde empezaban a escucharse las primeras gotas sobre el techo. Tic. Tic. Tic. Y uno quedaba en estado de alerta. Esperando. Porque una cosa es que llueva. Y otra muy distinta es que se largue. Uno quería tormenta de verdad. Truenos. Relámpagos. Agua cayendo de costado. Que se inunde la calle. Que desaparezcan los cordones. Que los autos hagan olas. Y ahí sí. Ahí despertaba el indio salvaje que todos llevábamos adentro. Empezaba la búsqueda desesperada por la casa de cualq...