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Olor a Libertad

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  🕒 Tiempo de lectura: 15 minutos Entre los eventos más importantes de cualquier año escolar —o de cualquier temporada si hacías algún deporte— sin duda estaban los viajes. No importaba si el destino quedaba a veinte minutos o a quinientos kilómetros. La verdadera premisa era otra. Irte unos días sin tus viejos. Todo lo demás era decorado. La organización llevaba meses de reuniones, coordinaciones, llamados y responsabilidades de las que uno jamás se enteraba. Para nosotros el trabajo consistía básicamente en una sola cosa: Recordarle a nuestros padres que pagaran las cuotas que faltaban. Todo empezaba a tomar forma cuando aparecían dos documentos fundamentales. La autorización. Y la lista de cosas a llevar. La autorización era un documento de suma importancia donde los padres les cedían temporalmente la propiedad de sus hijos a los profesores. Firmaban cualquier cosa. Si el formulario decía: "Autorizo a que mi hijo participe de actividades recreat...

El sodero de mi vida

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  🕒 Tiempo de lectura: 8 minutos No sé si alguno de ustedes ha tenido un amigo sodero. Pero el que haya tenido uno seguramente sabrá que son personajes particulares, gente distinta. Gente que maneja información que el resto de nosotros jamás llegará a comprender. Yo tengo uno, un pibe de barrio, macanudo, callado, más bien introvertido. Por eso nunca entendí cómo podía trabajar repartiendo soda. Porque para repartir soda hay que tocar timbres, hablar con gente, cobrar, escuchar problemas. Había algo que no cerraba. Después estaba la camioneta. Porque una cosa es repartir soda. Otra cosa es repartir soda arriba de una F100 roja impecable. La pintura brillaba más que algunos autos cero kilómetro. Tenía llantas cromadas. Equipo de sonido. Vidrios polarizados. Suspensión rebajada. Yo conocía abogados con peores vehículos. Y ahí fue cuando empecé a sospechar. Un día le dije: —Llevame a repartir con vos. —¿Para qué? —Quiero entender. —¿Entende...

Nuevo de nuevo

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  🕒 Tiempo de lectura: 11 minutos  Hay una sensación que uno vive muchas veces en la vida. La de ser nuevo. Nuevo en la escuela. Nuevo en el grado. Nuevo en la secundaria. Nuevo en la facultad. Nuevo en el trabajo. Nuevo en un grupo de amigos. Nuevo en el club. Nuevo en cualquier lugar donde todos parecen saber perfectamente qué están haciendo menos vos. Y aunque cambien los años, las edades y los escenarios, la sensación siempre es bastante parecida. Uno llega tratando de parecer normal mientras por dentro está completamente perdido. El primer gran episodio de esa sensación suele ser el primer día de clases en la escuela primaria. El jardín no cuenta, a la seño básicamente le decís mamá más veces que seño. Pero de ese primer día de clases, no importa cuántos años hayan pasado. Todos recuerdan algo. El guardapolvo impecable. La mochila nueva. Los útiles que duraban exactamente tres días antes de desaparecer misteriosamente. Y esa mezcla rara entr...